Fecha de publicación: Mar, 23/07/2019 - 14:51

Usme, el cuaderno de Matemáticas de la maestra Lina

Sumario

Los niños del colegio Eduardo Umaña Mendoza se convierten en guardianes de su territorio mientras aprenden sobre planos cartesianos, áreas, perímetros y probabilidad. “Si mis estudiantes se sienten a gusto en la escuela, ya estoy cambiando realidades”, cuenta esta docente innovadora.

“Debido a los daños en el ecosistema, causados por los turistas, el páramo de Sumapaz está a punto de cerrar sus puertas. Con el ánimo de evitarlo y prevenir daños ambientales más serios, el equipo de guardianes realizó una lista de los lugares que no deben pisar los visitantes; delimitando el área específica por medio de la ubicación de coordenadas en un plano, lo cual les permite conocer las zonas protegidas y calcular la longitud de alambre que necesitan para cercar los colchones de musgo y las lagunas.

El líder de guardianes almacenó la lista de coordenadas en una caja fuerte, pero olvidó la clave y el equipo necesita recuperar la información urgentemente. Para rescatarla, ustedes deben ayudarle al líder descifrar la clave escrita en numeración muisca”.

La anterior es la primera instrucción de la guía que entrega la docente Lina Marcela Moreno Vanegas a los estudiantes del curso 501 del colegio Eduardo Umaña Mendoza, de Usme. Los niños están reunidos en grupos de cuatro y cada uno de ellos tiene un rol: coordinador, vocero, auditor o jefe de material. En esta oportunidad, la clase de Matemáticas se desarrolla en torno a la situación problema titulada ‘Nuevas rutas para visitar el páramo de Sumapaz’, un ejercicio en el que todos participan y discuten mientras interpretan su realidad y desarrollan habilidades de razonamiento matemático.

Lea también: Peter Tabichi, elegido el mejor docente del mundo, visitó el colegio Rodrigo Lara Bonilla

Más que una clase poco convencional, Lina ha generado un proyecto de innovación en crecimiento. Lo bautizó Somos Guardianes del Tesoro Usmeka “por la necesidad de conectar la enseñanza de las matemáticas con el contexto de los estudiantes, para generar un acercamiento más amable a la asignatura y resaltar las riquezas naturales de la localidad”, explica.

Lina está vinculada a la educación oficial de Bogotá desde hace nueve años, cuando llegó al Distrito como normalista e inició su formación profesional como licenciada en Educación Básica.

Esta docente forma parte del Ecosistema Distrital de Innovación Educativa Innobog, la red de formación de docentes más grande del país: ella resultó beneficiada del Fondo de Formación Avanzada para Docentes de la Secretaría de Educación, con el cual cursó la maestría en Educación de la Universidad Externado de Colombia, con énfasis en el aprendizaje de las matemáticas.

Además, Lina ha participado en talleres, cursos y diplomados que fortalecen su formación. El más reciente, con la Escuela Pedagógica Experimental, sobre desarrollo de pensamiento divergente e invención, un programa ejecutado en 2018 en el que participaron 32 docentes para imaginar otras formas de encontrar respuestas a situaciones o problemas que ocurren en la cotidianidad y que incorporan las matemáticas, las ciencias y las tecnologías.

Profe enseñando en el tablero a estudiantes

Innovar para cambiar realidades

La clase sigue. Una vez los niños descubren la clave, el jefe de materiales solicita la caja fuerte a la docente. Contiene un plano cartesiano, ocho tarjetas con los lugares del páramo que se deben proteger, lana, plastilina, pegamento, regla, cuadros de 1 cm2 y marcadores. Luego, los estudiantes ayudan a los guardianes a estimar el área y el perímetro de lugares como el cementerio muisca, el mirador Frailejones, la laguna Chisacá o el embalse La Regadera, este último, recién visitado por el curso.

Posteriormente, los estudiantes de la maestra Lina ayudan a los guardianes a elegir un modelo de cerca, calculando la longitud de alambre que deberían comprar y el costo total por modelo. Una vez realizados estos pasos, ubican cada lugar sobre el plano cartesiano, teniendo en cuenta la lista de coordenadas que se encuentra en el tablero del salón.

Le puede interesar: Bogotá ingresa a la Red Mundial de Ciudades del Aprendizaje de la Unesco

“Hay muchas formas de enseñar matemáticas, pero solo aquí las conectamos con un territorio. Esta es una forma de lograr que los niños se acerquen a las matemáticas, a veces sin darse cuenta, y de que los actores de la comunidad sean quienes transformen y cuiden sus espacios, con el ánimo de rescatar los tesoros de Usme y dejar a un lado estereotipos como que la localidad es un lugar lejano, donde hace mucho frío y que quizás es peligroso”, comenta la profesora Lina.

Sara Nicole Rivera Marroquín es una de las estudiantes de esta joven maestra. La niña está segura de que las clases de Matemáticas le servirán toda su vida y de que, con paciencia y amor, se aprende mejor.

“Las matemáticas me gustan porque cuando me mandan a comprar algo ya sé cuánto me deben dar de vueltas. También las aplico cuando voy a compartir un alimento con mis compañeros y queremos repartirlo en partes iguales. La profe Lina nos explica bien y, si no entendemos, nos vuelve a explicar. Ella siempre nos pone ejemplos para que podamos entender las operaciones y nos lleva a varios lugares para aprender sobre Usme”, resalta la estudiante.

La profesora con 3 estudiantes

“Que las matemáticas no sean una razón para desertar de la escuela”

Después de que los grupos sitúan los lugares en el plano cartesiano, los niños deben trazar la mejor ruta para que los visitantes disfruten del páramo de Sumapaz de acuerdo con indicaciones como las siguientes: el recorrido debe iniciar y terminar en el mismo punto; los turistas deben pasar a tres o cuatro centímetros de distancia de las lagunas y los colchones de musgo, dado que el terreno es inestable; la ruta debe permitir al turista ver todos los lugares por, al menos, uno de sus lados; y el recorrido debe ser lo más corto posible para evitar daños al ecosistema.

“Cada niño tiene una propuesta, pero el grupo establece una sola para presentarla a sus demás compañeros. Luego, cada uno da sus argumentos matemáticos para seleccionar una de las rutas de un grupo”, continúa la maestra en su clase.

Este es solo uno de los ejercicios para integrar la enseñanza de las matemáticas al cuidado del medio ambiente. A su vez, forma parte de un proyecto de básica primaria del colegio llamado Niños Guardianes del Planeta, en el que se integran también el lenguaje y las ciencias sociales y naturales.

Un ejercicio

Según manifiesta la profesora, estos niños de 10 y 11 años disfrutan las matemáticas debido al acercamiento cordial que han tenido al área. ¿Cómo lo ha logrado? La innovación es la clave.

“Para innovar en el aula nos debemos permitir la equivocación, explorar y pilotear instrumentos para aprender en el camino. Nunca habrá una propuesta de innovación perfecta ni terminada, son los mismos estudiantes los que nos dan herramientas para mejorar e integrar sus intereses”, apunta Lina.
Así mismo, la maestra considera que la formación es la columna vertebral de su experiencia. “Cuando los maestros no dejamos de ser estudiantes, logramos ponernos en el lugar de nuestros estudiantes y hacerlos sentir a gusto en el aula”, continúa.

Además: “Mis estudiantes me han dado la posibilidad de ser”

Próximamente, Lina le apostará a la fase de construcción de memorias colectivas. Ella espera recopilar aquellos elementos, del pasado y del presente, que definen la identidad de Usme para así llenar un baúl de tesoros que quedará a disposición de los niños y jóvenes en la biblioteca. Igualmente, quiere construir una herramienta digital basada en lo experimentado en clase.

En definitiva, el sueño de esta docente es transformar las realidades de sus niños. Así lo precisa: “Si ellos se sienten a gusto en la escuela, ya estoy cambiando realidades. De esta manera, ellos no van a querer aislarse del ambiente educativo, sino proyectase hacia la educación superior. Lograr que los estudiantes se vinculen y combinen su vida con matemáticas es un logro, porque significa que las matemáticas no son una razón para desertar de la escuela”, finaliza.

Porque una ciudad educadora es una Bogotá mejor para todos.


¿Le fue útil este contenido?
¿Qué está pasando en Bogotá?