Fecha de publicación: Vie, 26/03/2021 - 09:26

Todos aprendemos de todos

Acompaña a la profe Adriana Paola, de la Misión de Educadores y Sabiduría Ciudadana, y entérate de cómo estamos diseñando el futuro a la justa medida de los sueños.

- Cuando me contaron de qué iba a tratar la Misión y me dijeron que era de profesores para profesores, eso me encantó. Tenemos el lugar que hemos luchado y hemos buscado tanto tiempo. Somos profesores de diferentes áreas, de diferentes sectores, hay una riqueza enorme. Solo encontrarnos, ponernos de acuerdo y transformarnos es una ganancia -.

La profe Paola es genial, le encanta aprender y es tanto su gusto por hacerlo que va irradiándolo por el mundo, como una estela luminosa. Ella misma, desde siempre, tuvo la fortuna de nacer abrigada por el reflejo que desprendían sus padres al pasar, ambos conscientes del influjo poderoso de la educación.

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Su madre, Aura Valcárcel es una consumada sicóloga que trabajó años apoyando a niños en los hogares comunitarios del Bienestar Familiar. Su padre, Jesús González, o Chucho, como siempre le dijeron, fue un economista y socioeconomista dedicado por entero a la educación; falleció hace poco y su ausencia se nota todos los días en la casa.

Se conocieron trabajando en un Núcleo Escolar Rural, en Olaya Herrera, Tolima y caminaron juntos 50 años. A lo largo de su vida transitaron por todas las formas y modalidades en que puede ejercerse la docencia y el aprendizaje, en la calle, en una finca, en un salón, en la sede de una universidad, en una escuela pequeña, en un colegio inmenso o en una casita comunitaria.

Si algo entendieron bien, es que aprender es una manera crítica de estar en el mundo, una forma de preguntar para entender y transformar, eso fue lo que enseñaron siempre.

Adriana Paola González Valcárcel creció arropada por el amor de su familia y con la curiosidad bien afinada; qué dicha para ella y qué fortuna para Bogotá, pues hoy es la secretaria técnica de la Misión de Educadores y Sabiduría Ciudadana, responsabilidad que comparte con el profesor Alfredo Sarmiento. -Lo mejor de la Misión ha sido el intercambio de saberes. Poner a los profes de los colegios, junto a los de universidad y a los investigadores en educación ha sido una gran experiencia, cada uno se ha ido transformando un poco, todos aprendemos de todos-.

La Misión es un espacio de participación, encuentro, conocimiento y reconocimiento. Como escenario de participación, valora la sabiduría ciudadana. Por eso, se ha propuesto la consulta del millón, preguntar a 1.000.000 de personas cuáles son sus intereses y necesidades en materia de educación. 600.000 se han expresado a través de una plataforma y 100.000 han sido consultados de manera directa en encuentros y mesas de trabajo.

Como espacio de conocimiento y reconocimiento, la Misión ha convocado a 70 maestros, hombres y mujeres, a pensar la educación y a formular la política pública educativa a corto, mediano y largo plazo. Son 70 profesores y académicos de todas las modalidades, disciplinas, grados y contextos de esta Bogotá compleja, diversa y llena de tensiones; cada uno con su experiencia, su experticia y su pericia para aprender y para enseñar. Son personas que han consagrado su existencia al noble propósito de la educación y representan la luz y la esperanza, en medio de la tenebrosa oscuridad de la violencia.

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La profe Paola es una de ellos, también ha hecho de la educación una forma de vida. Junto a sus dos hermanas, estudió en el legendario colegio donde hacen las prácticas los estudiantes de la Universidad Pedagógica, un recinto sagrado de la educación. - Estudiamos en el Pedagógico Nacional, siempre enamorada de mi colegio. Tenía un profe de Física despreocupado, chévere, ahora es el rector del colegio, Mauricio Bautista. Yo tenía palito para saber qué problemas iban a salir en la previa y me iba muy bien -.

Su infancia transcurrió tranquila entre el colegio, su casa en Kennedy y la casa de su abuela Maruja, donde se hacían las mejores arepas del barrio Santa Isabel. En un principio quería estudiar Filosofía, aunque terminó estudiando Física.

Uno la oye y se pregunta cómo es que quería hacer dos cosas tan diferentes, pero al rato es evidente que alguien como ella quiere saberlo, comprenderlo y apreciarlo todo. Para las personas como ella, la vida es como un prisma, llena de aristas, vértices y matices, pero una, íntegra; entonces la Física y la Filosofía dejan de verse tan distantes y se convierten en dos caras de la misma entidad, dos maneras de entender y de acceder al mismo mundo.

Visto así es consecuente que Paola haya estudiado también Ingeniería agrícola, Restauración de bienes muebles y Artes plásticas, aunque nunca haya terminado esas carreras. Se graduó como licenciada en Física, hizo especialización y maestría en Enseñanza de las ciencias, y hoy cursa un doctorado en Física educativa. Estudió en universidades públicas y privadas, en Colombia y en México, es docente del Liceo Femenino Mercedes Nariño y de la universidad ECCI e hizo parte del programa Ondas.

En el año 2019 ganó el premio Compartir en la Categoría STEM y fue reconocida como Maestra Ilustre por el proyecto ‘PrinCiencias: la ciencia es cosa de chicas’, una estrategia para que las niñas habiten el conocimiento científico de manera cotidiana y natural.

El suyo ha sido un camino largo para una vida tan corta. Ella es, sobre todo, una profesional de aprender y de enseñar a aprender. Qué bueno, porque su misión, en la Misión, es servir de bisagra, o vértice, entre los grupos de trabajo. Es el punto de contacto entre diferentes aristas, articula y facilita conversaciones entre unos y otros, y ayuda a que las disciplinas y los saberes más diversos y distantes se conjuguen en torno al propósito común de la educación. Sí, qué bueno para la Misión y qué difícil para ella.

Adriana Paola se sintió sorprendida y a la vez honrada cuando Edna Bonilla, la secretaria de Educación de Bogotá, le propuso sumarse a organización de la Misión. La posibilidad de aportar a la política educativa y de aprender de tantos colegas, tan diferentes, fue lo suficientemente tentadora como para que aceptara en el instante.

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 El Instituto para la Investigación Educativa y el Desarrollo Pedagógico, IDEP, fue el encargado de la convocatoria para seleccionar a los 70 integrantes, entre los 1.200 docentes que se presentaron. Para cuando se instaló la Misión, en mayo de 2020, la pandemia ya había encerrado a todo el mundo en su casa. Lejos, sin conocerse, ni tener contacto directo, los profes empezaron a reunirse virtualmente.

El primer obstáculo que tuvieron que sortear fue la desconfianza y la incredulidad. La sola posibilidad de que las recomendaciones se convirtieran en letra muerta, o en un simple formalismo, inquietaba a todos.

La prevención no era infundada, la experiencia previa con otras misiones y procesos consultivos daba para temer eso y mucho más. -  Los profes no querían ser convidados de piedra -, cuenta Adriana Paola. Que no fueran igual de valorados todos los saberes, experiencias y experticias, era el otro temor. Las primeras reuniones sirvieron para expresar los miedos y las dudas, y poco a poco, a punta de hablar y de escuchar, fue tejiéndose entre ellos un lazo de confianza.

- Entendimos que todos aprendemos de todos, eso es lo que hace de este espacio una misión de educadores -. Cuando esa fue una premisa compartida, se volvieron un equipo e hicieron de las diferencias su gran fortaleza. - Lo más gratificante para mí ha sido ver los cambios en las actitudes y cómo se han ido transformando las relaciones, hoy todos hablan y aportan de tú a tú -.

Son seis grupos, uno se encarga de la educación inicial, otro de la formación integral, otro de los asuntos pedagógicos, otro del desarrollo de capacidades en jóvenes y adultos, otro de la ruralidad y el último tiene la tarea de diseñar la estrategia de financiación. Ya están en la fase en la que tienen que formular las recomendaciones y están definiendo cómo se van a convertir en acciones concretas.

Una vez cada mes, la secretaría técnica se reúne con los grupos. Es una semana y media en que Adriana Paola y Alfredo se encuentran con los ejes temáticos y apoyan su trabajo. La agenda la deciden los equipos, esto garantiza que son los mismos educadores los que van definiendo el rumbo a medida que avanzan. Se reúnen virtualmente, desde la casa, así que Óreo y Vela, los dos gatos de la profe, también se han sumado incondicionalmente a esta misión; al igual que su mamá y su hermana, por su puesto.

La Misión contempla tres etapas, por eso las recomendaciones se están formulando al año 2024, cuando termina la administración de la alcaldesa Claudia López; a 2030, cuando se cumple el plazo de los objetivos de desarrollo sostenible; y a 2038, cuando se celebran los 500 años de la fundación de Bogotá.

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Pensar, soñar y proyectar la política educativa que beneficiará a millones de personas, es como viajar en el tiempo, hacia atrás y hacia adelante. - Aprender del pasado para construir el futuro -, alcanzó a decir el maestro Abel Rodríguez, fuerte y claro, antes de que el covid-19 apagara su voz y diera por terminada su propia misión en el mundo.

Se refería a reconocer los esfuerzos previos y aprender de los aciertos y los errores para diseñar la política. ¡Qué responsabilidad enorme! Paola Adriana lo sabe y es optimista, cree que esta es una gran oportunidad para llevar a la práctica tantas cosas soñadas por tantos como ella; pero cuando tiene dudas, piensa en su padre, en lo que opinaría y lo que haría si estuviera en la Misión, así logra la clama y recupera el rumbo.

Entonces entiende muy bien su papel como puente que articula a los distintos grupos y disciplinas, pero también como hilo conductor que vincula a las generaciones del pasado, del presente y del futuro. Ella sabe bien que participar en este empeño es sellar un pacto intergeneracional, es construir las condiciones para que las niñas y los niños que nacieron en el pandémico 2020, lleguen a la mayoría de edad, en el 2038, como la primera generación que pudo crecer con todas las garantías y oportunidades al alcance de la mano y a la justa medida de sus sueños. Esa es la Misión, de eso se trata todo.

 

¡La educación en primer lugar!


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