Hacen parte de Usme Azul, un programa creado en el 2018, que busca sensibilizar y fortalecer los procesos inclusivos y conmemorar el Día Internacional de la Concientización sobre el autismo.
Con los padres de familia se busca sensibilizar, brindar herramientas y favorecer los procesos de aceptación para dar paso a la crianza con amor. En cuanto a los estudiantes, se espera generar estimulación de los sentidos para potenciar la creatividad e imaginación.
Lorena Talero es una joven de 29 años y es una apasionada por el trabajo con niños en condición de discapacidad. Es Licenciada en psicología y pedagogía de la Universidad Pedagógica y docente de inclusión del colegio Fabio Lozano Simonelli desde 2017.
A pesar de no ser educadora especial, desde que empezó a laborar en el colegio se dio cuenta que los docentes estaban poco preparados para trabajar con personas con discapacidad, motivo por el cual decidió investigar sobre cómo reforzar los procesos educativos con esta población.
Para ella, los frutos de su trabajo se ven reflejados en temas que muchos darían por sentados. “Es gratificante cuando se logran pequeñas cositas con ellos, como que empiecen a leer y a escribir, porque hay chicos a los que se les dificulta totalmente”.
Maribel Díaz, docente de apoyo pedagógico de inclusión del Colegio Estanislao Zuleta, afirma que la satisfacción del trabajo realizado es el motor para seguir día a día. “Ya llevo siete años en el colegio y cuando llegué no había absolutamente ningún niño diagnosticado”.
De hecho, uno de sus compañeros le hizo un duro reclamo frente a los demás señalándole que antes de ella jamás había habido niños con discapacidad, a lo que firme y contundente respondió que siempre había habido, pero que, lamentablemente, jamás se habían hecho visibles. Desde aquel momento, el colegio y los docentes cambiaron poco a poco su pensamiento y decidieron apostarle a la inclusión.
Maribel decidió sumergirse por completo en el mundo de la educación inclusiva y aunque Usme Azul surgió en 2018, ella se propuso no dejarlo caer a pesar de la pandemia. Por eso, después de un tiempo de confinamiento, recolectó dinero y trabajó duro para conseguir material didáctico y gestionar actividades que permitan a estudiantes, como Sebastián Lara, seguir creciendo en una localidad inclusiva, comprensiva y respetuosa de las diferencias.
Para Maribel, Sebastián y su familia son un caso especial. “Gracias a Usme Azul, la mamá del estudiante se dio cuenta de la red de apoyo. Cuando entró dijo: Mi niño no es el único, hay otros y con mayores condiciones”. Y esa es precisamente la clave y la magia del proyecto, según Maribel, pues estos espacios sirven para visualizar a niños y padres de familia y darles mejores condiciones y capacitaciones”.
Actualmente, 40 colegios hacen parte de esta red que busca normalizar la inclusión. Cuando el estudiante y su familia llegan buscando ayuda, el primer paso es el PIA (Plan Individual de Ajuste), un plan adecuado a cada niño de acuerdo con su condición y sus necesidades.
Acto seguido, comienza el acompañamiento a los docentes, la familia e incluso a los compañeros, quienes se convierten en parte fundamental del proceso. La idea es poder enseñar a compañeras y compañeros del estudiante sobre inclusión, respeto a la diversidad y, sobre todo, a convertirse en un apoyo.
La profesora Lorena recuerda con gran emoción una anécdota del estudiante Johan Daniel Orejuela, quien tiene autismo. “Recuerdo que una vez estábamos en un foro y empiezo yo a grabarlo y a decirle: dime qué te gustaría decirles a las personas, y él dice: yo quiero decirles que yo puedo cambiar. Yo sé que yo soy diferente, pero yo puedo ser una mejor persona. Fue ahí cuando me puse a pensar: ¿Quién realmente tiene que cambiar? ¿Él o nosotros que tenemos una perspectiva tan diferente sobre la discapacidad y que no sabemos cómo atenderla?”
María Yara, mamá de Filiph Nicolás Suan Yara, del colegio Atabanzha, quien tiene como diagnóstico autismo nivel 1, afirma sentirse afortunada de ser parte del programa. “Creo que Usme Azul es un espacio para romper barreras. El programa ha sido excelente y muy bonito. Esto le abre las puertas al niño y gracias a esto Nicolás se ha dado a conocer a nivel local.”
Nicolás ya está en grado once, ha hecho avances significativos en su vida escolar y se prepara para ser un gran profesional de la mano de sus padres, hermanos y de los docentes de Usme Azul que confían en su gran talento.