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Oct
19

Leer 10 libros al año: el placer de los estudiantes de un colegio de Bosa

Leer 10 libros al año: el placer de los estudiantes de un colegio de Bosa

1900 estudiantes y 65 maestros leen  5 veces más que el promedio de los colombianos. Más que cualquier país en Latinoamérica y casi tanto como en Estados Unidos. Conozca la experiencia del colegio Villas del Progreso de Bosa.

En este colegio oficial, ubicado en la zona en una periférica del sur de Bogotá, rodeada por vías sin pavimentar, pequeñas tiendas, panaderías y talleres, se encuentran los lectores más ávidos del país.

Son 1.900 niñas, niños y jóvenes, capaces de devorar 10 libros en un año. Una cifra muy destacada, teniendo en cuenta el promedio de los colombianos, que está en 2.2 según el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc), y alcanzando a otros referentes mundiales como España, Corea y Estados Unidos.

Aquí se lee por placer. Y principalmente, por el contagioso amor a los libros que Andrés Peña, un orgullosamente maestro de la educación pública de Bogotá, logró transmitirles a estos estudiantes, al punto de convertir la hora de lectura en un proyecto transversal para toda la institución.

Desde hace un año, todos los estudiantes y maestros tienen 1 hora de lectura diaria que inicia a las 8 de la mañana. Las cifras hablan por sí solas sobre el impacto que ha tenido: en 2014, con la participación de 620 estudiantes y 22 maestros, se leyeron 6.300 libros: un promedio de 10,2 libros por estudiante.

¡A leer se dijo!

‘10 libros en un año’ es el nombre de esta iniciativa que se tomó el colegio Villas del Progreso. Una experiencia que hay que ver para creer. Cuando llega el momento de escoger un nuevo libro, los estudiantes se abalanzan sobre ellos, esperando conseguir el ejemplar que le sigue al que están leyendo o sobre el cual están interesados.

“Miren todo lo que leí el viernes”, dice Julián David Caicedo, un estudiante de 3° de primaria, sacudiendo un ejemplar de ‘Faltan 77 días’, una historia de Francisco Leal Quevedo que cuenta las aventuras de un niño en la escuela.

Al preguntarle sobre esta particular asignatura, en la que no hay evaluación, sino que se lee por amor al libro, Juan David explica que nunca antes había sido un lector juicioso, mientras ahora sueña y se imagina a esos personajes increíbles que encuentra en la literatura. “A cada uno nos prestan los libros, leemos, y la profe los guarda en el cajón hasta el día siguiente. Luego lo que más me gusta es compartir lo que leí”, señala el niño.

Esta contagiosa enfermedad lectora se ha apoderado incluso de los pequeños que aún están aprendiendo a leer, para quienes no existe impedimento al momento de disfrutar de los personajes e historias de los libros, pues sus maestras se encargan de utilizar esta hora para leerles en voz alta.

Así mismo, la lectura ha impactado la vida de los estudiantes mayores del colegio, en donde los cuentos infantiles son reemplazados por libros para todo tipo de gustos. Desde la serie de Harry Potter hasta manuales de recetas de cocina y libros científicos de gran formato ruedan por los pupitres y se intercambian entre los jóvenes.

Uno de estos grandes lectores de cocina es Michael David Calvo, quien quiere estudiar gastronomía cuando termine el bachillerato. Por eso, utiliza esos conocimientos de recetas e ingredientes plasmados en los libros para empezar a profundizar en lo que espera sea su proyecto de vida.

La receta para leer ‘10 libros en un año’

Esta idea nació en una mesa de la cafetería ubicada en la esquina del colegio, en la que Andrés, junto con otros profesores, se reunían a pensar cómo mejorar las competencias comunicativas de sus estudiantes. La respuesta fue la lectura.

“Me encanta leer y creo en la lectura como un reformador de la cultura y como una herramienta para disminuir la segregación. Por eso estoy convencido de que lo mejor que un profe puede hacer es lograr que sus estudiantes lean”, asegura con orgullo Andrés Peña, quien, curiosamente, es docente de tecnología y no de español o humanidades.

Luego de un juicioso ejercicio estadístico, este maestro concluyó que los países con mayor Índice de Desarrollo Humano (IDH) son también los que tienen mejores niveles de lectura y viceversa. “Por eso pienso que entre más se lee, más mejora el país”, resalta Peña.

Muchos libros, voluntad y un buen ejemplo lector son los ingredientes para lograr que este experimento pedagógico llegue a buen término. Aunque al principio, los estudiantes y sus colegas profesores eran escépticos frente al hecho de que pasaran una hora en el salón dedicados a leer, la experiencia se ha encargado de demostrar que niños y jóvenes no leían por falta de gusto, sino por falta de un espacio y un mediador que los motivara a hacerlo.

De acuerdo con el seguimiento realizado por el creador de este proyecto, desde febrero de 2014 hasta la actualidad, la percepción positiva de la lectura mejoró al 95%, gracias a la implementación institucional del proyecto.

El secreto está en dejar que cada lector se haga lentamente, a su propio ritmo, sin imponerle tareas o informes, sino permitiendo que forme un hábito. “Lo demás: comprensión, gramática, ortografía, vendrá con el tiempo y sin esfuerzo. Son el premio a un lector habitual”, dice el profe Andrés Peña.

Esta nueva obsesión lectora también ha llamado la atención de los padres de familia del sector, que se han sorprendido al ver el interés de sus hijos por todo tipo de libros. Incluso, en más de una ocasión la madre de un estudiante ha manifestado que “ahora la única forma de que se esté quieto es leyendo”, algo que le genera mucha satisfacción.

Así, como la competencia lectora ha mejorado, también se han transformado las actitudes de los estudiantes. “Hoy a los chicos les gusta leer. Se leen con gusto al menos 10 libros al año. Pero además la convivencia es otra en el colegio”, concluye este maestro, quien con convicción ha demostrado que sencillas acciones pueden generar grandes revoluciones al interior de las comunidades educativas.

La ‘ñapa’: ¿tiene usted una enfermedad lectora?

Como parte del proyecto, los estudiantes se han propuesto diagnosticar a otros jóvenes y personas externas al colegio a través de un breve diagnóstico que consta de 10 preguntas que evalúan la salud lectora, además de presentar indicadores como el tiempo y la velocidad de lectura.

Luego de tener el resultado, puede que por sus niveles de lectura sea diagnosticado con ‘grafosis crónica antilectora’, es decir, un alto déficit de atracción hacia la lectura; ‘letritis aguda lectora’, para quienes presentan alteraciones entre el hábito de lectura, el gusto por leer y la decisión de no querer hacerlo cada día; o ‘diabetes literaria’, que se produce porque falta endulzar un poco el ejercicio.

Conozca ‘10 libros en un año’ y entérese de cómo está su salud lectora, contactando a los protagonistas de esta historia de la educación a través de www.10libros.org.

Infografías: Cortesía Andrés Peña.