A- A A+
Mar
19

Educar para la felicidad: la apuesta del primer colegio nuevo que entregó Peñalosa

Educar para la felicidad: la apuesta del primer colegio nuevo que entregó Peñalosa

Han pasado 6 meses desde su inauguración. Hoy, el colegio La Felicidad acoge a más de 900 niñas, niños y jóvenes con un reto excepcional: enseñarles a sentirse bien y a gusto con la vida. Conozca cómo lo están logrando. Así celebramos el Día Internacional de la Felicidad.

Nació de una revolución: la de los colegios en Bogotá. Nuevo desde su suelo y sus cimientos, tomó el nombre del barrio que lo rodea en la localidad de Fontibón: La Felicidad. Pero más que un asunto geográfico, esta particular referencia se convirtió en la esencia de su apuesta educativa: enseñar a las niñas, niños y jóvenes a ser felices.

¿Cómo lo hacen? A partir de tres pilares trascendentales. Uno: la felicidad es un derecho de todas las personas. Dos: la felicidad se construye todos los días, con compromiso y dedicación. Y tres: la felicidad es colectiva.

Edwin Jaimes, rector de este declarado espacio feliz, lo describe así: “queremos estudiantes y docentes felices, así como padres de familia que se contagien de esta alegría para que entre todos ofrezcamos lo mejor a nuestras niñas y niños”.

Aquí, maestras y maestros están convencidos de que si sus estudiantes son felices aprenden más y mejor. Un objetivo con el que están llenando de vida y conocimientos más de 9 mil metros cuadrados de infraestructura educativa con ambientes de aprendizaje seguros, innovadores y de la más alta calidad.

Lea también: Gobierno de Enrique Peñalosa entrega el colegio La Felicidad

Clases para ser felices desde la primera infancia

Desde las 7 de la mañana, las primeras melodías de alegría se hacen presentes en las aulas del colegio La Felicidad. En el salón de la profe Consuelo Moncada, las voces de los estudiantes de transición entonan la canción con la que le dan la bienvenida a cada día.

Luego de recargar las energías y empezar con entusiasmo una nueva jornada escolar, los estudiantes, sentados en círculo, agitan sus manos para pedir la palabra. Es hora de la asamblea, un ejercicio diario de conversación en el que hablan sobre las actividades que han realizado y que harán durante el día, así como sobre otros temas que hacen parte de su cotidianidad.

Hoy, a propósito de la conmemoración del Día Internacional de la Felicidad, que se cruza con las lecciones sobre la letra ‘F’, el tema del día es aquello que los hace felices.

Con la espontaneidad que los caracteriza, cada uno expresa su opinión: “ser felices es elegir lo que nos gusta”, dice Pablo; “es jugar con mi hermanito y también cuando mis papás llegan a la casa”, agrega Óscar; y “es venir a divertirnos en el colegio”, como expresa Isabel.

Sofía, otra de las estudiantes, emociona a la profe Consuelo con sus palabras. “Ser felices es escuchar a los otros y que nos escuchen”, dice con seguridad. Esa es, justamente, una de las premisas con las que se construye la felicidad en estas aulas, en las que todos los días hay ejercicios como este para que los más pequeños expresen lo que sienten y sueñan.

Sofía, Isabel, Óscar y Pablo forman parte de los 144 estudiantes que cursan, en jornada única, los grados jardín y transición en el colegio La Felicidad, en donde cuentan con un grupo dedicado de maestras, además de dos agentes educativos que brindan apoyo en temas de apoyo familiar y de salud, como parte de la apuesta de atención integral para la primera infancia de Bogotá.

Sepa más: Exitoso balance de la política de primera infancia en Bogotá

“Aquí les ofrecemos la posibilidad de encontrar alegría en el colegio en unos espacios físicos que sin duda invitan a sentirse bien y a disfrutar. Pero más que eso, cada experiencia de aprendizaje está pensada para que nuestros niños aprendan, rían y se expresen desde el afecto”, señala la profe Consuelo.

Esa es la vivencia en el salón de artes, en el que un grupo de niñas baila al ritmo de la canción infantil ‘El perro de San Roque’. Mueven con emoción sus manos en las que llevan atados globos con palabras que representan lo que las hace felices, mientras sus ojos están concentrados en los movimientos de la docente del área de imaginación y creatividad.

“Lo que más nos gusta de venir al colegio es esto, bailar y cantar”, expresa sonriente Valentina. La profe Yuliana Castillo explica que en su clase los estudiantes aprenden sobre el manejo de la voz, los movimientos del cuerpo y la construcción de instrumentos musicales con materiales reciclables, y que lo que más disfrutan es poder expresarse libremente, haciendo uso de su cuerpo y explorando sus talentos.

Esta es una de las asignaturas que conforman el currículo de esta institución educativa, que está consolidando una propuesta transversal, desde educación inicial hasta grado 11°, centrada en siete áreas del conocimiento: ciudadanía y pensamiento crítico, pensamiento científico-tecnológico, inmersión en inglés, comunicación y lectura crítica, pensamiento lógico-matemático, expresión corporal e imaginación y creatividad.

Desde cada una de estas áreas se viven los pilares de los que habla el rector Edwin Jaimes, los cuales forman parte del Proyecto Educativo Institucional (PEI) del colegio. “Si los estudiantes se sienten a gusto en el colegio, esto nos llena de alegría como maestros y así mismo a sus padres, lo que se traduce en bienestar para toda la comunidad educativa”, señala la profesora Magaly Niño.

Así como La Felicidad, el gobierno de Enrique Peñalosa está construyendo más y mejores colegios, con ambientes de aprendizaje dignos y hermosos que promueven la felicidad. Sumadas a las 11 instituciones que entregó el Distrito en 2017, con las cuales se beneficiaron más de 15 mil estudiantes, en 2018 se entregarán 17 colegios: 6 en lotes nuevos y 11 bajo la modalidad de restitución, ampliación y/o terminación, para la formación de más de 18 mil estudiantes en 10 localidades de la ciudad.

Le puede interesar: Así va la ‘Revolución de los colegios’ de Enrique Peñalosa

De La Felicidad para los bogotanos

En el gobierno del alcalde Peñalosa, el objetivo principal es propiciar el desarrollo pleno de los habitantes de Bogotá para que sean ciudadanos más felices, un reto en el que día a día se trabaja desde los colegios oficiales.

Por eso, desde la localidad de Fontibón, las maestras y maestros del colegio La Felicidad cuentan cómo puede, usted mismo, aportar para lograrlo:

  1. Recuerde que la felicidad se compone de pequeñas conquistas. Tal como las niñas y niños de jardín y transición van explorando el mundo, adquiriendo independencia y aprendizajes, los adultos deben aprender a apreciar y saborear aquellas cosas simples y maravillosas, desde la comida o un paisaje de la naturaleza, hasta una sonrisa de un ser querido.

  2. Aplique la frase: “la felicidad es un derecho, pero también un deber”. No basta con quedarse sentado esperando la llegada de ‘buenas rachas’, sino que se trata de cambiar la perspectiva y entender que vale la pena disfrutar los acontecimientos de la vida, así como esforzarse por alcanzar experiencias significativas. Además, como lo explica el rector de este colegio, en la medida en que todos lo hacemos, aportamos al propósito colectivo y hacemos de Bogotá una mejor ciudad para todos.

  3. Piense como niño en un mundo hecho para adultos. Más que buscar la felicidad en el éxito profesional o financiero, hay que dejarse contagiar por las emociones de niñas y niños como los que estudian en el colegio La Felicidad, que encuentran alegría en venir un día más a estudiar, esperar a sus papás en las tardes, compartir un momento o bailar una canción.

  4. Reconozca que la vida es bella, pero no necesariamente “color de rosa”. Aceptar los retos, obstáculos y fracasos es una de las lecciones más complejas y necesarias para el ser humano, por lo que desde la infancia debemos aprender a ser resilientes, resolver conflictos y tolerar el fracaso reconociendo estas situaciones.

  5. Porque la felicidad es colectiva, haga felices a quienes lo rodean. Y para lograrlo, una de las claves es, como bien dijo Sofía, estudiante de 5 años, “escuchar y ser escuchado”. Lograr que otros se sientan valorados y tener en cuenta sus ideas, especialmente en los niños y jóvenes, permitirá que aumente su satisfacción personal y se sientan más seguros y felices.

Por Diana Corzo

Fotos Juan Pablo Duarte

Porque una ciudad educadora es una Bogotá mejor para todos