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Oct
26

“Hay que mezclar lo urbano y lo rural para superar la inequidad”

“Hay que mezclar lo urbano y lo rural para superar la inequidad”

Jorge Iván González, experto en economía e invitado al Foro Educativo Distrital 2018, considera que la educación pública de Bogotá puede ser clave para reducir brechas entre las zonas urbanas y rurales de la ciudad.

El Foro Educativo Distrital 2018, que tuvo en el centro de la discusión la educación rural e inclusiva en Bogotá, sirvió como escenario para que Jorge Iván González, doctor en economía de la Universidad Católica de Lovaina e investigador y asesor en política fiscal, macroeconomía, dinámicas urbanas y calidad de vida, hablara de su perspectiva hacia la superación de las desigualdades entre el campo y la zona urbana de Bogotá.

Como consultor de la Secretaría de Educación del Distrito, González lideró desde la Universidad Nacional un estudio sobre la ruralidad bogotana que busca entender las dinámicas del territorio y de sus pobladores, así como proponer estrategias particulares para fortalecer la educación rural como herramienta indispensable para contrarrestar la inequidad.

El estudio afirma que, aunque la ruralidad bogotana cuenta con menos habitantes y entre ellos se produce una buena parte de los recursos y servicios que consume la ciudad, es en esta zona donde hay más pobreza y desigualdad. Por eso, González afirma que la ciudad cuenta con todas las condiciones para superar esta realidad, si los esfuerzos por fortalecer políticas sociales, como la educación, involucran a todos los responsables.

¿Qué está ocurriendo entre el campo y la zona urbana de Bogotá?

Lo que estamos viendo es que las desigualdades son enormes. Cuando miramos las condiciones socio económicas de la ruralidad y los niveles de ingreso de las familias, vemos que son muy bajos frente al promedio de las zonas urbanas. No estamos logrando que las personas que viven en el campo tengan ingresos similares a los que se ven en las zonas urbanas.

Necesitamos en Bogotá y en el país, que las condiciones de vida rural sean similares a las urbanas y que todos tengamos las mismas oportunidades. Todavía hay diferencias importantes y notables y creo que hay que avanzar en eso. La buena noticia es que Bogotá tiene los recursos.

¿Y en materia educativa cómo está esa brecha?

Hay un problema general en Colombia y es la diferencia que existe entre la educación de élite y la educación pública. Y me impresionan los grandes esfuerzos que ha hecho Bogotá: la canasta educativa de la ciudad niño-año, está más o menos en 4 millones 200 mil pesos. Pero el promedio de la educación de élite es de 20 millones.

Ahora, como país, el promedio de la educación pública está en 2 millones 800 niño-año. En Chile está en 8 millones de pesos niño-año, en Francia está en 20 millones y en Luxemburgo en 45 millones. Hay que entender que debemos acercarnos por lo menos a Chile ya. Necesitamos un impulso muy fuerte para que efectivamente la educación sea ese instrumento para hacer que eso pase. Colombia tiene todas las condiciones para, por lo menos, duplicar lo que se invierte en educación.

¿Qué resultados arrojó el estudio que hizo el Distrito sobre la ruralidad bogotana?

Lo primero que mostró fue la necesidad de integrar lo urbano y lo rural. Que no se puede tener una visión dicotómica ni hacer una fractura diciendo lo rural empieza aquí y lo urbano empieza allá.

Lo que han mostrado los últimos estudios que se han hecho en Colombia es la necesidad de pensar la articulación entre lo urbano y lo rural, porque la ciudad no puede vivir sin el agua, sin los páramos, sin los recursos alimentarios que vienen de las zonas rurales.

Pero usted dice que, en cambio, hay una tendencia a urbanizar lo rural ¿Por qué?

Porque no se puede negar la presión de una ciudad enorme como Bogotá y la forma como jalona. Mire el precio del suelo. En la medida en que Bogotá va creciendo, el precio del suelo rural va creciendo, entonces finalmente las familias venden.

Si el suelo era a 20 mil pesos el metro y se empieza a urbanizar, el suelo pasa a un millón a millón quinientos el metro. Las familias terminan vendiendo y esas dinámicas son absolutamente imparables. Colegios del borde en Usme o en Tunjuelo, están ya absorbidos por la dinámica urbana.

¿Entonces cómo proteger lo rural?

Hay que mezclar las dos. Por ejemplo, que los niños urbanos vayan a Sumapaz, conozcan los páramos y entiendan que el agua que están consumiendo es posible gracias a la conservación de los páramos y de los bosques. Que un vaso de leche que le llega a la mesa es porque hay unas producciones campesinas. Eso es crucial. Y por lo tanto la financiación de esas dinámicas rurales tiene que nacer de las propias ciudades.

¿Y desde la educación?

Creo que eso es lo más importante, pensar en la educación rural integrada a la urbana y pensar la urbana también mirando lo rural. Que los niños urbanos entiendan la importancia de lo rural y que los niños que están en las zonas rurales entiendan las dinámicas urbanas y cómo las dinámicas urbanas van jalonando e imponiendo una serie de decisiones y expectativas.

Lo segundo es que una ciudad como Bogotá tiene todos los medios y las potencialidades para ir cerrando las brechas. No solamente entre los colegios, sino entre la educación pública y la privada. Bogotá tiene el compromiso, y lo puede hacer, de lograr que la educación pública rural o urbana, empiecen a tener las mismas condiciones que los niños de la educación privada.

Como economista, ¿cuál cree que sería la estrategia para que eso suceda?

Bogotá ya ha avanzado mucho. Pero aún falta. Hay que tener una política, por ejemplo, en impuestos prediales, en plusvalías, en valorizaciones mucho más agresivas. Cobrar derechos de edificabilidad, tener más participaciones en plusvalías. Bogotá tiene unas potencialidades de ingresos enormes que tiene que aprovechar más para que efectivamente esos excedentes y esos recursos permitan mejorar las condiciones de vida de los más pobres.

¿Qué cree que se debería enseñar en la ruralidad?

Los papás de los colegios rurales quieren que sus hijos entren a la universidad. No están soñando con que sus hijos se queden sembrando papa. Eso hay que tenerlo en cuenta. O nosotros les ofrecemos a los niños rurales las mismas condiciones de vida de la ciudad o indudablemente esas familias vendrán a vivir a la ciudad.

Entonces lo que necesitamos es que los jóvenes que quieran venir a la ciudad, pues eso es inevitable. Pero al mismo tiempo tenemos que consolidar unas dinámicas rurales que sean eficientes, productivas y que mejoren las condiciones de vida de los campesinos.

¿Cómo ve el rol de docente en estas transformaciones?

Los docentes tienen que aceptar esas tensiones. A veces uno siente que los docentes rurales como que no quieren aceptar la fuerza de la gran ciudad. como que quisieran mantener una ruralidad ideal. Cuando realmente la fuerza de esta ciudad es enorme y hace que los jóvenes quieran ir a la ciudad, quieren pasar a la universidad. Entonces tener en cuenta eso y crear políticas en lo rural que sean compatibles en lo urbano.

Hay que conectarlos, protegerlos…

Bogotá tiene que tratar de evitar que la producción agropecuaria se vaya muy lejos de la ciudad por los precios del suelo, pero hay que discutirlo y no solo decir que se conserva la cultura rural, desconociendo la presión de la gran ciudad. Y al interior de la ciudad, todos, no solamente los jóvenes de los colegios, que esta ciudad sin la región no puede vivir.

¿Qué destaca de los lineamientos de política educativa rural que construye el Distrito?

Lo primero es la importancia de que haya un trabajo unificado de todas las entidades. Eso es crucial. Integración Social, la Secretaría de Desarrollo Económico, las entidades nacionales y de la ciudad, pero también de la familia y de los colegios.

Lo segundo, entender que la gran ciudad tiene todas las potencialidades y que tiene que seguir transfiriéndole recursos a la ruralidad y para eso necesita cobrar más impuestos a los grandes urbanistas de la ciudad. Bogotá sigue siendo muy tímida en el cobro de impuestos y en el cobro de rentas del suelo. Esos dos caminos son centrales.

Lo tercero, ‘ruralizar’ lo urbano, es decir, decirle a toda la ciudad que hay que aprender del campo y entender que el campo es una tarea conjunta, es una necesidad de todos porque la ciudad no puede vivir sin la región.

Sepa más: Bogotá es educación inclusiva: así fue el Foro Educativo Distrital 2018

 

Porque una ciudad educadora, inclusiva y rural es una Bogotá mejor para todos.