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Dic
03

Estudiantes de Usme: los guardianes de las aves de la capital

Estudiantes de Usme: los guardianes de las aves de la capital

Más de mil niñas y niños lideran una cruzada por la fauna silvestre de la ciudad. No son ornitólogos profesionales, pero su amor y cuidado de las aves bien podría darles un título honoris causa. Bogotá educa ciudadanos ambientalmente responsables.

Melody Saray Rodríguez, de 9 años, mira fijamente el cielo de Usme cuando una pequeña ave de pelaje oscuro pasa justo encima de su cabeza y la de sus 35 compañeros de tercer grado del colegio Eduardo Umaña Mendoza.

- “¿Sabes cómo se llama ese pájaro?”, pregunta Melody al adulto que está a su lado.

- “No sé, ¿una paloma?”, le responden.

Melody sonríe y dice: “no, es una mirla hembra porque sus plumas son negritas y su pico es naranja. En cambio, los machos tienen el pico naranja, las plumas negras y los ojitos como amarillos. Su nombre científico es ‘Turdus fuscater’, son muy bonitos. Si quieres mira por aquí”, señala, mientras estira sus brazos para acercar unos binoculares.
 
Junto a Melody, sus otros compañeros de clase también observan concentrados el cielo, y aunque ninguno de ellos ostenta el título de ornitólogo, ya son todos unos expertos en las aves que habitan en la media luna del sur gracias a ‘Me lo contó un pajarito, Guardianes de las Aves’, el proyecto que enseña a los estudiantes a cuidar, respetar y empoderarse de su territorio.

La verde montañita de los Guardianes de las Aves

A un costado de la avenida al Llano, no muy lejos de la salida de Bogotá, se erige el colegio Eduardo Umaña Mendoza, una sólida edificación ubicada justo en el lugar donde termina la ciudad y empieza el campo.

“Si miras hacia el norte ves la ciudad con su cantidad de casas y edificios, pero si miras al sur aún se ve el verde de las montañas. Está despejado, y eso que las construcciones se han ido apropiando de este paisaje”, comenta Nury Stella Penagos, la docente que, en 2008, junto a su colega William Tupaz, se dio a la tarea de hacer que sus estudiantes se enamoraran de este territorio, del que ellos quedaron prendados desde el primer día que lo conocieron.

“Este colegio es una montañita rodeada de mucho verde y mucho color, entonces con el profesor William empezamos a pensar cómo hacíamos para que los estudiantes más pequeños se interesaran por lo que había a su alrededor. Nos dimos cuenta de que las aves, de las que hay muchas especies en la localidad por estar ubicados en la parte baja de los cerros orientales, les llamaban la atención, entonces decidimos irnos por ese camino”, explica Nury Stella.

Luego de ocho años de haber empezado esta aventura, ya son más de 1000 estudiantes de tercero a quinto de primaria los que han participado en este proyecto que hace parte de una de las líneas de acción del Proyecto Ambiental Escolar (PRAE) de esta institución educativa, y que ahora también cuenta con el apoyo de los docentes Omaira Ramírez, Yazmín Jiménez, Maribel Forero, Víctor Pelayo y Emilce Malpica.

Todos los lunes, miércoles y viernes a las 6:30 de la mañana, estos pequeños guardianes recorren los rincones de su colegio para realizar las jornadas de avistamientos, una de sus actividades favoritas.

Ni el penetrante frío que hace temblar hasta los huesos disminuye el ánimo de las niñas y los niños que, con sus mejillas coloradas, miran fijamente el firmamento, toman nota en sus cuadernos, y se van turnando los binoculares y cámaras fotográficas que tienen para captar cada uno de los movimientos de estos animales.

Mientras caminan, un ave de 

aproximadamente 20 centímetros de pelaje negro con brillo tornasolado se posa en lo alto de un edificio, y Juan Andrés Vásquez dice emocionado: “¡Miren!, un Chamón”. Todos se emocionan y la profesora Nury explica que muy pocas veces lo ven, pero les encanta por su azul brillante, “y porque es de páramo y estamos muy cerquita del más grande del mundo, el Sumapaz”, agrega Juan Andrés.

Pero aprender sobre aves, valorar el medio ambiente y apropiarse de su territorio no es lo único que este proyecto ha dejado en los estudiantes del Eduardo Umaña Mendoza, que como señala la profe Nury. Este proyecto ha sido una ‘excusa’ para hacer de estos niños mejores personas y ciudadanos y brindarles la oportunidad de ampliar la perspectiva del mundo que los rodea.

Es por ese espíritu de empoderar a niñas, niños y jóvenes para que sean capaces de transformar sus realidades que ‘Me lo contó un pajarito, Guardianes de las Aves’ es una de las más de 2 mil Iniciativas Ciudadanas de Transformación de Realidades - INCITAR –, con las que la educación pública apoya pequeñas grandes revoluciones para transformar las realidades de las comunidades educativas.

“Lo que queremos es que se genere un ‘clic’ en la vida de nuestros estudiantes porque creemos que cuando un niño aprende a cuidar lo que tiene a su alrededor, también comprende la importancia de cuidarse a sí mismo y a los demás. Este proyecto existe porque la escuela no puede estar ajena al entorno que la rodea, al contrario, debe integrarse para generar procesos que puedan arraigarse en la vida de nuestros estudiantes y que impacten de manera positiva en la comunidad”, comenta la profe Nury.

Tras 40 minutos de recorrido, los pequeños guardianes de las aves regresan a su salón de clase a seguir aprendiendo, pues como lo dice Melody Saray, “todo el día estamos pensando en pajaritos”.

Guardianes que trascienden fronteras

Así como las aves conocen cientos países gracias a sus vuelos migratorios, los guardianes de las aves también tienen muchos amigos en el extranjero, quienes, como ellos, comparten su amor por los ‘dueños del cielo’.

Sus amigos más cercanos son los niños de la escuela primaria Blue Lake en Florida, Estados Unidos. Su amistad empezó gracias a la organización Partners of the Americas, que se interesó por el proceso que se venía realizando en el Eduardo Umaña Mendoza.

“Esta organización conecta personas que trabajan por una misma causa alrededor del mundo para que estos procesos se fortalezcan y crezcan. Ellos nos invitaron a participar del encuentro ‘Escuelas amigas de las aves’ y allí entablamos amistad con esta escuela en los Estados Unidos”, señala la profesora Nury, quien ha sido invitada a países como Argentina para compartir esta iniciativa de alto vuelo.

A la par de las ciencias naturales y del desarrollo de las capacidades ciudadanas, los guardianes de las aves también fortalecen áreas como matemáticas, inglés y español, lo que les ha permitido hacer del aprendizaje una experiencia más divertida y enriquecedora.

“Con los apuntes que tomamos en los avistamientos, el número de especies y las agrupaciones de aves, hacemos operaciones matemáticas en clase. También escribimos cuentos, hacemos exposiciones y lo más chévere, le escribimos cartas en inglés a los niños de Blue Lake y ellos también a nosotros. Eso me encanta porque me gusta el inglés”, asegura Melody Saray.

Más allá de los logros que este proyecto ha obtenido, el grupo de defensores del medio ambiente continúa trabajando arduamente para que más personas conozcan los maravillosos tesoros de su localidad. Es por eso que han dado rienda suelta a un gran sueño: realizar la primera guía de aves de Usme.

“En todos estos años de trabajo y avistamientos, hemos registrado 92 especies de aves que habitan en Usme. Es una cifra importante y como no existe una guía de aves para esta localidad, decidimos ser nosotros los primeros en regalarle ese material a la ciudad. Creemos que si conocemos nuestra biodiversidad vamos a cuidarla más y a generar conciencia sobre la importancia de protegerla”, explica el profesor en ciencias naturales y educación ambiental, William Tupaz.

Con las fotografías de los guardianes de las aves, las ilustraciones hechas a mano y donadas por varios docentes del Distrito y el acompañamiento del grupo de Ornitología de la Universidad Nacional, la primera guía de aves de la localidad de Usme ya casi es una realidad.

“Estamos en proceso de edición, nos falta poquito para pasarlo a diagramar y publicarlo con el apoyo del colegio. Este trabajo se ha logrado gracias al compromiso de nuestros niños y de las personas que hemos encontrado en el camino y que han regalado su tiempo y su trabajo con la única intención de aportar su granito de arena a la construcción de un mundo mejor”, asegura la profe Nury.

Para ella, su deseo es seguir entre tinguas, siriríes y gavilanes bailarines para disfrutar, junto a los guardianes de las aves de Bogotá, una ciudad que prefiera perderse entre las maravillas del cielo y no en una selva de cemento.

Por Paula Andrea Fuentes

Fotos Juan Pablo Duarte


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