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Jul
06

La ‘U’ va al páramo: así se forman los profesionales de la ruralidad bogotana

La ‘U’ va al páramo: así se forman los profesionales de la ruralidad bogotana

Soñadores y orgullosamente campesinos. 28 jóvenes, egresados de colegios oficiales rurales de la capital, integran la primera promoción del convenio entre la Secretaría de Educación y la Universidad Nacional de Colombia que lleva carreras profesionales a Sumapaz y otras zonas rurales de la capital.

Laura Granada, de 23 años y habitante de la vereda Quiba Alta de la localidad de Ciudad Bolívar, hoy cumple su sueño de estudiar en la Universidad Nacional de Colombia, gracias al Programa Especial de Admisión y Movilidad Académica – Sumapaz, que surge en el marco del convenio suscrito entre la Secretaría de Educación del Distrito y esta destacada institución pública de educación superior. Laura, egresada del colegio que lleva el mismo nombre de su vereda, se prepara para convertirse en médico veterinaria para contribuir a la problemática de los animales sin hogar de su vereda.

“Escogí Medicina Veterinaria porque respeto mucho la vida y los seres vivos, el trabajo al aire libre y el campo. En mi vereda no hay asistencia técnica y profesional para los animales. Con mi preparación y el conocimiento que adquiera en la universidad, quiero contribuir en ese tema. Sería un gran aporte para mi comunidad”, destaca Laura, quien estuvo a punto de ‘tirar la toalla’ en su camino por convertirse en profesional por las limitaciones y las dificultades económicas.

Sin embargo, Laura describe como un ‘milagro’ la oportunidad que se le abrió con este programa, con el que el gobierno de Bogotá busca fortalecer la educación media en las instituciones educativas rurales de la ciudad y brindar oportunidades de acceso a la educación superior y universitaria a sus egresados.

“Como no tenía recursos para estudiar, estaba trabajando en un call center. Una amiga me habló del programa, me postulé, presenté las pruebas y pasé. Me siento muy orgullosa de pertenecer a esta gran institución y de hacer parte del programa”.

Justamente, ese sentido de arraigo con el territorio, de conexión con la comunidad y sus problemáticas, de aporte al desarrollo social, es uno de los componentes principales de este programa que lleva la educación superior a las zonas rurales de Bogotá. Más que una oportunidad para obtener un título profesional y trasladarse a la ciudad a trabajar, esta iniciativa busca que, a través de la academia, la investigación y conocimiento, estos jóvenes ayuden a sus comunidades a solucionar sus problemas puntuales y a defender los recursos naturales y el ecosistema del páramo y las zonas rurales.

Es el caso de Óscar Torres, egresado del colegio Jaime Garzón, habitante del páramo de Sumapaz y quien desde pequeño soñaba con estudiar enfermería: “quiero formarme profesionalmente para regresar a trabajar al Hospital de Nazareth y desarrollar programas para atender la salud de los campesinos”.

El camino no ha sido fácil, dice Óscar. En este primer semestre, los ‘primíparos’ de la educación pública rural de Bogotá en la Nacional tuvieron que realizar un fuerte trabajo de fortalecimiento de competencias y habilidades.

Durante el semestre, en horas de la mañana, los estudiantes ven las materias del currículo de cada una de sus carreras y en las tardes, con el apoyo de tres tutores designados por la Universidad Nacional, refuerzan sus competencias en lectura y escritura, investigación y formulación de proyectos. Una tarea ardua con grandes recompensas.

Los profesionales de la ruralidad bogotana

El Programa Especial de Admisión y Movilidad Académica – Sumapaz, busca que el conocimiento llegue a los rincones más alejados de la ciudad. Un conocimiento real, auténtico y pertinente que le sirva a las personas para apoyar el desarrollo de su territorio y su comunidad.

Gracias a este convenio, 28 jóvenes egresados de 6 instituciones educativas de la zona rural de Bogotá, ubicadas en el páramo de Sumapaz, las veredas Quiba y Pasquilla de la localidad de Ciudad Bolívar, de la vereda El Destino de Usme, entre otras, cumplieron su sueño de ingresar a la Universidad Nacional, una de las universidades más prestigiosas del país; y actualmente están cursando programas de pregrado con la firme intención de convertirse en los primeros profesionales de sus familias.

Ingeniería Agrícola, Ingeniería Agronómica, Medicina Veterinaria, Zootecnia y Enfermería, son los cinco programas profesionales que la Universidad Nacional puso a disposición de los beneficiarios del programa para que, con este conocimiento, apoyen el desarrollo de sus comunidades.

Además, el programa cuenta con una metodología de proyectos de intervención a problemáticas locales para que los estudiantes desarrollen propuestas que solucionen problemas reales y urgentes de sus comunidades con el conocimiento que van adquiriendo. Esto permite que, desde la academia, antes de titularse como profesionales, estos estudiantes se pongan en sintonía con las necesidades de su territorio.

El programa comprende tres etapas. En la primera fase, la Universidad Nacional traslada su operación y sus docentes a la sede Nazareth, del colegio Jaime Garzón, que fue adecuada para que los 28 beneficiarios del programa cursen los primeros semestres en el territorio con todas las ventajas académicas y de bienestar que tienen los estudiantes de la universidad.

En la segunda fase, se da la movilidad académica para que los estudiantes vengan a la ciudad y terminen los semestres que les restan en la sede principal. Y en la tercera fase, los estudiantes deben volver al territorio y aplicar allí su proyecto de grado, como una forma ‘retornar’ algo del conocimiento adquirido para el beneficio de sus comunidades.

La Secretaría de Educación cubre la totalidad de la matrícula y la Universidad se encarga del resto. Todos los días una ruta recoge a los estudiantes y los lleva hasta la sede Nazareth donde, además de ver las materias del currículo de cada uno de los programas, cuentan con tutores que los ayudan a fortalecer los procesos de lectura y escritura, investigación, inglés, entre otros.

Como lo destaca Claudia Lucía Ordónez, directora académica del programa, “la academia tiene una misión importante de producir conocimiento real y auténtico que sirva a la nación y a la gente. Darles herramientas a los jóvenes, no solo para que sean profesionales y consigan el sustento, sino que también les sirvan para defender el páramo y la ruralidad”.

Diálogo de saberes por el territorio

En el último día del semestre, los estudiantes presentaron sus proyectos a la comunidad y en este ejercicio, donde cada uno de los ingenieros y doctores del futuro presentaron los avances de sus investigaciones, se estableció un diálogo con los miembros de la comunidad: los campesinos, dueños de un conocimiento milenario para cultivar la tierra y criar los animales, que ahora se enriquecen con los conocimientos científicos y académicos de los jóvenes.

Lugareños, padres de los estudiantes y miembros de la comunidad, intercambiaron saberes y experiencias con los estudiantes, conocieron sus ‘técnicas científicas de cultivo’ y aprendieron de ellas, y les regalaron uno que otro ‘consejito’ para aplicar.

“Es muy importante lo que se están haciendo las universidades y la Secretaría de Educación para preparar a los jóvenes de la región, porque nos hacen mucha falta los profesionales aquí en el páramo. Cuando yo era joven no tuve esa oportunidad, por eso toca aprovechar”, comentó Norberto Palacios, habitante del corregimiento El Tabaco y cultivador de papa durante toda su vida.

“Eso sí, yo les recomendaría a estos muchachos volver hacia lo natural, hacia lo orgánico.

Porque ahora todo es con pesticidas y venenos y por eso la gente se está enfermando”, enfatizó don Norberto.

Así, en medio de la exuberancia del páramo del Sumapaz, con apoyo de la Secretaría de Educación, la Universidad Nacional de Colombia y el campesinado, se forman los profesionales que en un futuro próximo tomarán las banderas del desarrollo social de la ruralidad bogotana.

Porque una ciudad educadora es una Bogotá mejor para todos.